TERREMOTO DE LOMBOK (Agosto 2018)

Cómo sobrevivimos a un Terremoto de 7 en la Escala de Ritcher


Este es el post que nos hubiera gustado no escribir nunca, pero creo que sólo por la experiencia vivida se merece una entrada. Vamos a contaros, como sobrevivimos a un terremoto de 7 en la escala de Ritcher y sus posteriores réplicas. El terremoto lo sufrimos en Gili Air, una isla casi virgen de 1km2, considerada un paraíso para todo viajero en el sudeste asiático, pero que para nosotros se convirtió en el auténtico infierno.

La llegada a la isla la hacemos en un bote pequeño, de esos que salen de la arena y te mojas mucho para subirte. En 20 minutos llegamos a Gili Air desde Lombok. El lugar es increíble, no hay vehículos de motor, sólo unos carros tirados por burros que te llevan hasta tu hotel pero nosotros lo hacemos andando.  El hotel parece nuevo, unos bungalow a ambos lados y la piscina con una zona de césped en medio.

Decidimos comer cerca y quedarnos en la piscina hasta las 17h, luego iríamos a ver la puesta de sol. Así lo hacemos, comemos comida indonesa en un Warung (restaurante típico normalmente de bambú) y nos vamos a relajarnos al hotel. Nos damos un baño en la piscina y sólo nos pasa por la cabeza el lugar mágico en el que estábamos y los días maravillosos que nos quedaban. Ni se nos ocurre pensar, que ese mismo lugar iba a convertirse en un infierno horas más tarde.

Nos cambiamos de ropa y nos vamos a ver la puesta de sol al oeste de Gili Air. Tumbados en la arena, mirando el horizonte, nos sentimos privilegiados el poder vivir estos momentos los 4 juntos.
Disfrutamos de la increíble puesta de sol, y cuando ya ha oscurecido por completo, nos disponemos a cenar. Son las 19:30h y hace un poco de fresco, dudamos pero decidimos sentarnos fuera, sobre la arena de la playa mirando el mar. Decisión acertadísima con lo que nos vino luego. Charlamos un poco de los planes de los 4 días que pasaremos en Gili Air y pedimos unas pizzas que nunca llegaron.




De la mesa, yo estoy sentado en la parte más al norte, y de repente, siento en mis pies como se mueve la tierra muy levemente. Al instante, ese pequeño movimiento pasa a ser muy fuerte, increíblemente fuerte, justo de 7 en la escala de Ritcher. Yo enseguida grito: Terremoto!!!! A las décimas de segundo, aunque a mí me pareció mucho más tiempo, veo como les llega a mi familia el movimiento que había sentido yo primero. Leire no paraba de gritar asustada, nos agarramos los 4 alrededor de la mesa para no caernos al suelo. Es incluso difícil mantener el equilibrio, las mesas se tambalean muchísimo y el suelo parece plastilina. Se mueve todo durante unos 20 segundos y solo se escuchan gritos de horror y de locales que se derrumban. De repente acaba y se hace durante unos segundos el silencio. Un silencio aterrador que dió paso a gritos y ataques de ansiedad de muchas de las personas que tenemos al lado nuestro.

Miramos a nuestro alrededor para comprobar el alcance y vemos que el restaurante en el que estábamos cenando está completamente derrumbado. A nuestro lado hay una familia australiana que aunque se encuentran bien, la madre tiene un ataque de ansiedad importante, la atendemos como podemos y nos juntamos un grupo para ver que se podía hacer. 

Una parte de la isla todavía tiene luz y también disponemos de conexión a internet en el móvil. Antes de nada intento averiguar donde ha sido exactamente el terremoto y de qué intensidad. Desde que voy a Asia tengo una app que me avisa de terremotos y tsunamis. En seguida veo el aviso de que el terremoto ha sido de 7 en la escala de Richter y el epicentro está a tan sólo 15 km de nosotros. En seguida me doy cuenta de la gravedad de la situación, estamos en la zona 0 y tenemos que ponernos a salvo.

También veo que habían activado la alerta de tsunami, y estábamos en una isla de 1 km2 con una altura de 1 metro en su punto máximo. Lo primero que hago es ir a ver el mar, el epicentro ha sido tan cerca, que si viene un tsunami, será muy rápido. Veo el mar tranquilo, impasible como siempre, normalmente antes de un tsunami el mar retrocede cientos de metros y no es el caso. Eso hace que nos quedemos más tranquilos por el momento, aunque por las sucesivas réplicas que vendrán la  alerta de tsunami seguía activa.

Envío un mensaje a mi hermano pidiendo ayuda: tenemos que salir de la isla cuanto antes y cada minuto que pasemos aquí será un peligro para nosotros. Le digo que avise a la embajada de que nos encontramos en la zona de peligro. 

Justo cuando estamos hablando de qué era lo mejor para nosotros, hay una réplica fuerte que deja la isla completamente a oscuras, sin agua y sin datos móviles. Estamos completamente aislados.
A nuestro alrededor esta casi todo derrumbado. El lugar idílico y mágico se ha convertido en un auténtico infierno.

Nos vamos al centro de la isla, a buscar algún descampado para que cuando vengan más replicas no haya peligro de derrumbamiento. El paisaje es desolador. El warung en el que habíamos comido está destrozado, los muros que limitan algunas propiedades, en el suelo, y algunos hoteles completamente derrumbados, sólo queda un montón de runa.

Buscamos el descampado, pero antes pasamos por nuestro hotel para coger ropa de abrigo. Ha refrescado un poco y para pasar la noche a la intemperie, hace frío. El hotel está completamente entero, no ha sufrido ningún daño importante. Pienso que al ser una construcción relativamente nueva, aguantó el seísmo. Cogemos ropa, dinero y pasaportes, completamente a oscuras. Puede ser la última vez veamos nuestras pertenencias y cogemos lo realmente indispensable.

Encontramos un lugar seguro en medio de la isla (un solar sin construcciones cerca) donde la gente se dispone a pasar la noche. Durante todo el rato se van sucediendo réplicas de unos 5 en la escala de Richter, que vienen acompañadas de alerta de tsunami. Esto hace que la situación sea más caótica si cabe. La gente local no paran de rezar, y aunque no es molesto, te da la sensación que la muerte está cerca.

Al poco rato, llegan dos personas y nos dicen algo en indonesio. En ese momento, todos los locales salen corriendo de donde estábamos en dirección al puerto. El resto de personas, turistas, sin saber a donde vamos, les seguimos a gran velocidad. Encontramos una persona local que habla inglés y nos dice que viene un tsunami por oeste de la isla. La situación se hace crítica y corremos despavoridos en dirección opuesta. No os podéis imaginar lo que pasa en estos momentos por nuestra cabeza, puede ser el último momento en el que estemos juntos.

Dirección al puerto, a oscuras completamente, nos encontramos a otras personas que viene en dirección contraria y también gritando tsunami. En este momento, me doy cuenta de que todas las informaciones son fruto del caos que estamos viviendo. No hay autoridades de ningún tipo para dirigir la emergencia, y todos se mueven un poco por su instinto, el instinto de supervivencia. En este momento, le digo a Judit de dirigir nosotros mismos nuestro plan de emergencia y no hacer caso de nadie.

La primera decisión que tomamos es volver a nuestro hotel, ya que hay una pequeña zona de césped lejos de construcciones. Todo el mundo me desaconsejaba ese lugar, ya que hay muchas palmeras alrededor. Pero es un árbol duro y flexible y estoy seguro que no caerá. De hecho, entre todos lo árboles que han caído por el terremoto, ninguno de ellos era una palmera.

Ahora que ya hemos mitigado el riesgo de sufrir un derrumbamiento encima nuestro en caso de otro fuerte terremoto, el siguiente paso es qué hacer en caso de tsunami para seguir con vida. En la isla no hay puntos altos, es plana completamente, por lo que no hay una zona natural segura. Nuestro bungalow tiene 2 plantas, entonces se me ocurre, que en caso de tsunami, subiremos corriendo a la segunda planta. Creo que como ha aguantado el terremoto de 7, seguramente aguantará una gran ola por fuerte que sea.

Hago un camino seguro, libre de obstáculos, desde el lugar donde vamos a dormir hasta el bungalow, para que en caso de emergencia podamos llegar al piso de arriba en pocos segundos. El lugar que hemos elegido para dormir, está lo suficientemente lejos del bungalow para evitar el riesgo de derrumbe y relativamente cerca para que en caso de tsunami, en unos 2-3 segundos podamos estar en la segunda planta a salvo. Para que esto resulte, debemos ser rápidos, por lo que tendré que estar toda la noche despierto, atento a los ruido del mar, de los gritos de la gente e incluso de los animales, que cada vez que se avecinaba peligro hacen un sonido ensordecedor.

Cuando veo que estamos en zona más o menos segura, montamos un campamento con los colchones de las hamacas de la piscina. Sacamos toallas para taparnos, pues cada vez hace más frío y la ropa que tenemos no es suficiente. También nos ponemos todos deportivas, ya que me acuerdo de la película "Lo imposible" y  llevar las chanclas en caso de peligro no es lo más acertado.

Los peques se duermen sobre las 00h más o menos. Judit tarda bastante más, aunque no lo hace tampoco del todo porque cada diez minutos tenemos replicas que no bajaban de 5 en la escala de Ritcher. En cada nuevo terremoto, se mueve de nuevo el suelo muchísimo y las construcciones crujen como si se fueran a caer. Yo voy dando vueltas durante toda la noche por la zona, vigilando que la situación no empeore y, sobretodo, que no venga un tsunami. La psicosis de estar aquí con tus hijos, con la alerta de tsunamis activada y con riesgo de morir cada 10 o 15 minutos es aterradora, no se puede describir...

Las comunicaciones desde el primer terremoto están cortadas, no hay luz, ni agua... En varios momentos de la noche, tenemos cobertura y podemos mandar algún sms a la familia. Me comunico con mi hermano Pedro, y él a su vez con un teléfono del Ministerio de Exteriores que teníamos en caso de emergencia. Es nuestra única esperanza de conocer noticias reales y las consecuencias del terremoto, ya que nosotros en la isla estamos solos. No hay ningún tipo de autoridad, no hay médicos que atiendan a los heridos, no hay ningún personal responsable de ponernos a salvo, estamos completamente solos y nuestro único objetivo es salvar la vida.

La noche sigue su curso, el cielo está precioso y nos brinda un paisaje espectacular. En otro momento disfrutaríamos de dormir debajo de millones de estrellas, divisamos incluso la Vía Láctea. Pero esta noche es diferente, estamos luchando por seguir con vida. En la isla hay un silencio sepulcral, sólo se rompe cuando viene otro seísmo. Es entonces cuando se escucha a los animales asustados y gritos de terror de las personas. Nosotros, a pesar de todo, decidimos seguir en nuestro campamento.

Son ya las 3am, y todo el mundo duerme a nuestro alrededor, sigo levantándome cada pocos minutos  a mirar el estado de los bungalows, que no hayan sufrido daños con alguna replica. También me acerco de vez en cuando un poco a la playa para ver que el agua sigue igual y que el sonido de las olas no sea diferente. No sé bien bien lo que hago, pero quiero tener en la medida de lo posible, totalmente controlada la situación.

Toda la noche transcurre igual, con el miedo de que suceda otro terremoto grande o que alguna de las réplicas provoque un tsunami. Los niños duermen algo más seguidos, pero Judit sigue despertándose en casi nuevo seísmo, la tensión es importante. Yo no he podido pegar ojo en toda la noche, siento que debo proteger a mi familia.

A las 5am, cuando amanece, entramos al bungalow para recoger nuestras pertenencias e intentar salir de Gili Air lo antes posible. En 15 minutos estamos listos y de camino al puerto. Antes de salir, hablo con el personal del hotel para despedirnos y darles las gracias. Ellos se fueron en barco por la noche a ver a su familia, que vive en Lombok. Me cuentan que han perdido algún familiar, y que materialmente se han quedado sin nada, su casas están completamente destrozadas. Lo curioso y digno de admiración, es que los locales cuando comprobaron el estado de su familia, volvieron para estar con nosotros.

Los 800 metros hasta el puerto se hicieron eternos, todos los edificios que nos encontramos a nuestro paso están medio destruidos, algunos completamente. El panorama es desolador. El camino, que hacia algo menos 24 horas habíamos recorrido al revés y nos había parecido increíble, ahora es un montón de runa. La isla que nos enamoró cuando llegamos, ahora era el mismísimo infierno.

Por otro lado, no podemos sentir más que tristeza por los lugareños, se han quedado sin nada, y tardarán años para que esa isla vuelva a ser el paraíso que era. Ya no solo por la reconstrucción, si no porque prácticamente el único sustento que tienen es el turismo y ahora les costará recuperarlo.




Llegamos a puerto, y hay mas de 1000 de personas confinadas en pocos metros de playa esperando un barco para recorrer los escasos kilómetros que nos separan de Bangsai, en la isla grande de Lombok. Los botes se llevan a 40 o 50 personas como mucho en cada viaje.

La espera en el puerto de Gili Air se nos hace eterna. El sol totalmente encima nuestro y la temperatura no deja de subir. Toda la gente apretada y esperando, y aún se suceden algún terremoto que otro, aunque muy suaves. El pánico todavía se palpa en la cara de todos los evacuados. El riesgo de tsunami y la posibilidad de que hubiera otro terremoto fuerte todavía existe.

Por suerte conocemos un grupo grande de catalanes y nos quedamos con ellos. De este grupo grande nos juntamos con Carlos, Cristina, David y Sonia. El estar con ellos hace que el desespero sea más llevadero. Tomamos decisiones juntos, hablamos de nuestra experiencia la noche del gran terremoto, etc...

Durante la espera, de vez en cuando se escuchan gritos, la gente abre paso y viene un grupo de gente con heridos tumbados en hamacas de playa, muchos de ellos graves. Aunque no muchos, también podemos ver alguna persona tapada por completo, suponemos que el terremoto había acabado con su vida.

Poco a poco nos acercamos a la zona de embarque, queda poco para salir de Gili Air. La situación que vemos, con mas de mil personas intentando salir de una catástrofe, me recuerda a los refugiados que intentan salir de zonas de guerra de Oriente Medio. No puedo evitar ponerme en su piel y por la situación tan trágica que viven hasta que llegan a Occidente.

Después de una larga espera, va llegando nuestro turno. Tenemos que pasar primero, antes de acceder al muelle de embarque, por un especie de porche, el cual está totalmente inclinado apunto de caerse. Pasamos rápido para evitar que caiga encima nuestro y justo cuando ya estamos al otro lado, hace un crujido grande y se inclina un poco más. Por suerte no cae, debajo de él se encontraban unas 20 personas y el resultado hubiera sido fatídico para ellas.

Estando ya casi a punto de coger el bote, vemos a un grupo de italianos que les reclaman desde otro barco. Nos informan que su embajada les ha facilitado la salida. Nos alegramos por ellos, pero nos indigna que la nuestra nos ha dejado totalmente solos. La única respuesta que hemos tenido ha sido que pidiéramos dinero a nuestros padres para pagar billetes extra y si teníamos seguro de viaje. Una vergüenza si pensamos el dineral que se llevan las embajadas y luego no te ayuden en caso de emergencia. Nos han dejado solos, y hemos tenido que salir de la isla por nuestros propios medios.





Por fin nos llega el turno, y entramos los 8 en una especie de barcaza, bastante incomoda, todos apelotonados, pero todo vale para salir de aquí. El precio del traslado es de unos 6€ por persona, y muchos turistas se quejan. Yo pienso que esta pobre gente se ha quedado sin nada y lo que les viene en el futuro es peor todavía. El turismo era la única fuente de ingresos y tardaran muchos años para que las Gilis de Lombok vuelva a ser el paraíso que eran. El camino hasta el puerto de Bangsai se hace eterno, son menos de 30 minutos, pero el miedo a que haya otra replica mientras navegamos hace que estemos todos tensos.

Son las 10h cuando llegamos, hemos estado casi 5 horas para poder salir de Gili Air. Desembarcamos y la situación en el puerto es desoladora. El café donde estuvimos antes de partir a Gili Air hacia 24 horas, esta completamente destrozado. Muchísimos edificios están destruidos, farolas caídas encima de coches, pósters de la luz con sus cables en el suelo. Aparte del estado que ha dejado Bangsai el terremoto, en el puerto se están acumulando miles de personas que están llegando de las 3 islas Gilis del norte de Lombok. Esta situación hace que estemos bastante desesperados, además, nos encontramos en la falda del volcán Rinjani, que es donde se están produciendo casi todos los terremotos y hay cierto temor de que entre en erupción.





No hay transporte alguno para poder salir de aquí, los taxis que vienen a cuenta gotas, y la espera se avecina larga. Primero empezamos a buscar transporte para los 8, pero nos damos cuenta que era imposible. El calor aprieta, y se hace bastante inaguantable estar aquí. Subimos a la estación de autobuses y hay 10 autocares que no salen. No nos dicen nunca el motivo, aunque sospechamos que los habían enviado para recoger a algún grupo en concreto.

En Bangsai nos juntamos con un grupo grande de españoles que tienen contacto directo con la Embajada. Nos dicen que preguntemos por un tal Juan, que se encargará de nuestra evacuación, pero esta persona no existe. Había visto mentiras por parte del gobierno de España, pero no los creía capaces de hacer algo así en una situación en la que corren peligro nuestras vidas. Nos han dejado solos para poder salir de esta situación.

Por fin vemos la luz, y aparecen 2 camiones del ejercito, uno con material de ayuda y otro de evacuación. Empiezan a llevarse a gente en la parte trasera del camión, más o menos de la misma manera que acostumbran a llevar a los animales, pero lo importante es poder salir de aquí fuese como fuese. En el camión no caben más de 50-70 personas, y tarda unas 2 horas en ir y volver a la capital, Mataram. Calculé que la evacuación por este camino podía durar días.

Las horas van pasando y la desesperación aumenta. La gente se va en taxis a cuenta gotas, y nosotros seguimos aquí, sin poder llegar a lugar seguro. Las dos parejas catalanas encuentran un taxi libre y se van camino del aeropuerto, antes nos damos el teléfono para seguir en contacto. Nosotros seguimos aquí, son 12:30h y llevamos desde las 5h de la mañana intentando salir.




Veo bastante imposible salir de aquí, ya casi no vienen transportes y el camión del ejercito aun no ha vuelto del primer viaje. Decido llamar a varios contactos de guías que tengo en Bali y Java para ver si conocen a alguien que nos pueda sacar de aquí. De todos los que llamo la única que nos puede mandar a alguien es Carlota, de Carlota Tours Bali. Son casi las 14h y por fin llega nuestro transporte, una alegría infinita cuando aparece y pregunta por nosotros. Solo tengo palabras de agradecimiento para esta gran mujer. Gracias Carlota!!!!!!

Tomamos camino al aeropuerto, para intentar coger avión con destino donde fuera. Mientras llegamos intento comprar billetes pero no hay nada hasta el sábado. Hablo con Cristina, que ya están en el aeropuerto, y me confirma que es un caos y que no hay vuelos. Es entonces cuando decidimos ir al sur de Lombok, a Kuta. Es la zona de la isla más alejada volcán Rinjani, que es donde se están produciendo todos los terremotos. Ahí decidiremos más tranquilos que haremos en las próximas horas.

El paisaje que nos encontramos en el camino es desolador, pasamos por pueblos en un entorno precioso totalmente derruido. Playas increíbles haciendo contraste con una casa tras otra derrumbada. En la carretera hay algunas grietas importantes, e incluso una piedra gigante que ha caído encima de una moto chafándola por completo.

Pasamos por otro pueblo, con la mezquita totalmente derruida, y nos dicen que toda la gente estaba dentro rezando cuando se vino abajo en una de las réplicas, matando a la mayoría. Pasamos por otro pueblo, del que ya no queda nada, y toda la gente concentrada en un punto, mirando al infinito. No puedo evitar las lagrimas ante esta situación, muchos han perdido todo y tienen que reconstruir su vida entera.










Llegamos a Kuta Lombok, y para nuestra tranquilidad no está casi nada afectada, eso si, más vacía que cuando lo dejamos. No tenemos hotel para esa noche y nos dirigimos al que nos habíamos alojado antes de ir a Gili Air. Conseguimos una habitación y pasamos la tarde en la piscina. Nos ha venido bien este rato ya que hemos podido relajarnos un poco, sobre todo los niños.

Hemos conseguido la primera parte de la evacuación, pero todavía estamos en Lombok, y toda la isla ahora mismo es un peligro. Kuta, aunque está en el extremo sur, se encuentra todavía a unos 70 km del volcán Rinjani. Es lunes y hasta el viernes o el sábado no hay vuelos. No nos hace gracia quedarnos aquí hasta ese día: debemos de buscar alternativas.

Por suerte para nosotros, nos encontramos al guía local que nos llevo a ver unas tribus unos días antes. Le comentamos el problema que tenemos y nos da una solución, no la mejor, pero si la más rápida. En 24 horas podemos estar en Ubud (Bali) pero tenemos que ir en Ferry. La verdad es que con la cantidad de réplicas que estamos teniendo y, cada una de ella con su consiguiente alerta de tsunami, no nos hace gracia meternos en un barco. Pero aun así, nuestro desespero por salir de la isla hace que aceptemos.

Durante la tarde nos llaman y nos dicen que se unen a nosotros Sonia y David, una de las parejas catalanas que habíamos conocido en Gili Air. Ellos están en el aeropuerto y deciden venirse con nosotros a Kuta. Le conseguimos habitación en nuestro hotel y también billete de Ferry. A la hora de cenar ya están con nosotros y sentimos una alegría inmensa cuando los vemos de nuevo. Nos queda la última parte de la evacuación y acabarla con ellos nos da cierta tranquilidad. Dicen que la amistad que haces en situaciones limites, son para siempre, y creo que eso es lo que pasará con nosotros.

La tarde pasó tranquila geológicamente hablando, sin más replicas, parece que la madre naturaleza se toma un respiro con nosotros. Nos vamos todos a dormir, pero al rato la tierra vuelve a temblar. Se siente muchísimo, el epicentro está a unos 50 km nuestro, muy cerca del aeropuerto y otra vez volvemos a vivir la odisea de la noche anterior.

Salimos todos fuera de los bungalows, y esperamos noticias de si hay riesgo de tsunami y tenemos que evacuar o podemos seguir durmiendo. No se activa dicha alerta y por lo tanto volvemos a la cama. Este terremoto ha sido bastante importante, de 5.5 en la escala de Ritcher y el susto que nos hemos llevado de nuevo ha sido mayúsculo.

Seguimos durmiendo y a las horas hay otra importante réplica, ésta de 5 pero con el epicentro más lejos que el anterior. Esta vez solo salimos Sonia y yo y vemos por el móvil que no hay peligro, y que podemos seguir durmiendo tranquilos. Por suerte esta noche la tierra no vuelve a temblar y podemos dormir hasta las 8h para desayunar.

A las 9:30h nos pasa a recoger el guía que nos consiguió los billetes y nos lleva a Lembar, que es desde donde sale nuestro Ferry a las 12h. Llegamos a puerto y sobre la 13h salimos camino a Bali. El trayecto se hace tranquilo, con el miedo de un nuevo terremoto y posterior tsunami. A las 18h llegamos al puerto de Padangbai, en Bali, sanos y salvos.

Ha sido una experiencia horrible la que hemos vivido, pero a la vez gratificante. Hemos visto que no tenemos topes, que las limitaciones se las pone uno mismo, que somos valientes, perseverantes, que somos capaces de todo si queremos y que juntos somos invencibles.

Esta experiencia nos ha servido para ratificar nuestra filosofía de vida: tienes que disfrutar de cada minuto como si fuera el último, porque la muerte puede estar en cualquier esquina.

Quiero recordar desde aquí a toda nuestra familia y amigos, que todos ellos han estado con su corazón en vilo por nosotros. También quiero recordar a las más de 500 personas fallecidas por el seísmo y sus familiares que lo han perdido todo. Mi corazón estará toda la vida con ellos, ya que un pedazo de él, se quedó en Lombok....

Comentarios

  1. Joder que horror....volvisteis a nacer.....

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  2. Jose, esos días hable contigo por whatsapp pero no era consciente de lo que estabais pasando, leyendo estas lineas se me saltan las lagrimas, que duro lo que habéis vivido, gracias a no se que estáis todos bien y podéis contárnoslo. un abrazo amigo y ahora a pasar pagina y a preparar el siguiente viaje

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  3. Lo siento mucho familia por lo que habéis tenido que pasar!. Conocemos perfectamente las islas Gilis porque estuvimos en Agosto del 2017, hicimos muy buenas amistades con más de un local y sabe Dios que será de ellos. Me ha puesto los pelos de punta vuestra historia y nada más podemos deciros que gracias a dios estáis de vuelta!. Por cierto... Qué triste cómo se comporta la embajada española con sus ciudadanos no?. Me habéis dejado de piedra porque luego en los medios no se cuentan de estas cosas!!.

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  4. Lo e leído y no paro de llorar todo lo que aveis pasado y yo tan tranquila que estabais disfrutando pero gracias a Dios estáis con nosotros no quiero pensar lo que aveis pasado y mis niños todo lo que han visto ya para su edad espero que lo supereis con toda vuestra familia que estamos con vosotros

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  5. Gràcies per compartir-ho i ben contents de veure que ho podeu comptar. Et conec d'haver jugat a pàddel a Ripo i fa molt que us segueixo i, continuaré fent-ho. Una forta abraçada família!.

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